Los gatos negros no traen mala suerte:
Alicia ya no era un niña, havia crecido, y con ello dejaba atrás sus cuentos de fantasias, ya no creia en hadas ni en el país de las maravillas. Había guardado su vestido azul, se tiñió su melena rubia -en vete a saber cuantos colores- y dejó las diademas por trenzas y el pelo alborotado. Guardó su peluche preferido -el conejo blanco-, el día que le empezó a gustar llegar tarde a todos lados.
Ahora le gusta ir vestida de negro, escuchar rock y mandar a la mierda a todos.